La memoria de Araminta

Querida Josephine:

Antes de enviarte esta carta, he alisado las arrugas del papel y le he pedido a David que se ponga a escribir. Todo parece haber acontecido en una época tan lejana…, pero nunca olvidaré tu risa, ni el olor de tus vestidos, ni el frescor de la hierba, ni el sonido del río. Temblaba de miedo el día en que murieron mis padres, y tú me sacaste de aquel agujero para llevarme contigo. Después, tu madre ordenó que me bañaran y me frotaron tan fuerte que yo pensé que me habrían borrado el color. Pero, en la escuela, el muchacho de la voz aflautada me llamó garrapata y me empujó. Entonces creí que la negrura que yo tenía por dentro se veía a través de mi piel. Sé que me sentaban en una mesa apartada porque oía al maestro y también a los niños, pero me llegaba distante su olor. Debía de ser horrible para que todos me trataran así. Pero tú me querías. Noté que llorabas el día en que encontraste a John azotándome con aquello que silbaba mientras yo gritaba de dolor. Tu hermano David ya entonces andaba por los tejados para hablar conmigo. Solía reírse de todo y cantaba tan bien… Ya sé que tu padre me odia y que tú lo odias a él. Pero, ¿Quién querría que su primogénito se fuera con una muchacha negra, ciega, pobre y huérfana? Os oí discutir. Probablemente nos defendías mientras David me ayudaba a subir al caballo para llevarme lejos de allí. Hace seis días que nació nuestro hijo. Tu hermano dice que se parece a ti, y yo espero que sea como tú. Atrapa los dedos con su manita pequeña, y es tan suave como aquella chaqueta de angora que guardabas en el segundo cajón. David canta, aporrea el piano y se gana la vida en el bar. Nunca se emborracha. Tu padre tenía razón, hubiera sido un buen militar. Pienso mucho en ti. Me duermo recordando el sonido del cepillo deslizándose en tu pelo, y siempre te imagino feliz asistiendo a todos los bailes con esos zapatos de color corinto que yo nunca vi. Tu hermano te entregará esta carta cuando tu padre se retire a dormir. No te asustes. Entrará por la ventana como un gato. Espero que pronto volvamos a encontrarnos. 

Te echo de menos,

Araminta

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