De espaldas a la vida

El caminante sobre el mar de nubes. Óleo sobre lienzo. Caspar David Friedrich. Año 1818

Como un ser inmortal, la silueta del hombre rubio de espaldas, se alza sobre la cima de las montañas más altas sin una sola mota de polvo en sus zapatos, y con el pantalón y la levita tan estirados como si estuviera en la vieja biblioteca de su casa. Desde las rocas más oscuras contempla el horizonte de brumas blanquecinas y montañas que parecen de ceniza, en un paisaje inerte donde solo algunos árboles sobreviven en la aspereza de las piedras envueltas por la niebla. Las nubes rasgadas, blancas y amarillas matizan un cielo pálido que derrama su azul sobre las cimas teñidas por la luz de un sol que no se ve. 

Tal vez contempla el esplendor de la creación mientras se pregunta qué ha pasado para que los hombres no se deslumbren ante el magnífico milagro de la vida. Probablemente esté molesto con aquellos que en lugar de deleitarse ante el misterio, se convierten en depredadores la tierra. Quizás se apoya en su bastón cansado de esa especie ingrata que lucha por alcanzar un paraíso que no ve, aunque se extienda infinito delante de sus pies.

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